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LOS GATOS REPRESENTAN UNA SERIA AMENAZA PARA LA BIODIVERSIDAD, SEGÚN CIENTÍFICOS.

Los expertos piden que las normativas de bienestar animal no entren en conflicto con las que defienden la conservación de la naturaleza.

Los gatos callejeros han provocado más de una cuarta parte de las extinciones contemporáneas de aves, mamíferos y reptiles en todo el mundo, por lo que están catalogados como uno de los depredadores invasivos más perjudiciales para la conservación de la biodiversidad, además de una amenaza para la salud pública. Así de contundente es el contenido del artículo publicado en el último número de la revista científica Conservation Science and Practice por un grupo de investigadores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC).

El artículo, basado en un estudio en el que también han participado expertos de la Universidad Miguel Hernández de Elche, el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC-UIB) y el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (CSIC), señala que la depredación por parte de los gatos asilvestrados es la causa más importante de mortalidad de pequeños mamíferos y aves, por delante de los atropellos, el envenenamiento o los cazadores humanos. Por ello critican la propuesta de proteger las colonias de gatos callejeros recogida en el anteproyecto de Ley de Protección, Derechos y Bienestar de los Animales aprobado el pasado mes de febrero en Consejo de Ministros.

Respecto a la propuesta también recogida en la Ley de dar un estatus oficial a las personas que los cuidan de manera voluntaria aportándoles agua y comida, el artículo señala que, al contrario de lo que se suele pensar, que un gato esté bien alimentado no significa que no siga con su actividad predadora, pues está demostrado que los gatos callejeros no solo cazan por su necesidad de alimento, lo que unido a su abundancia acaba convirtiéndolos en los principales depredadores del entorno en el que actúan.

Por todo ello, como señalan en su escrito, resulta contradictorio que el mismo Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, entre cuyos principales menesteres figura la lucha contra la pérdida de biodiversidad, proponga a su vez la mejora y el mantenimiento por Ley de un “poderoso impulsor de la pérdida de biodiversidad”. Los autores resaltan de las graves consecuencias que puede tener esta normativa en las Islas Canarias y Baleares, dónde los efectos dañinos de las colonias de gatos se multiplican, por lo que su aplicación socavaría sin ninguna duda los planes de conservación de especies insulares endémicas y amenazadas.

Además, los gatos callejeros no sólo suponen una gran amenaza para la biodiversidad, sino que actúan como vectores de enfermedades debido a la alta densidad de individuos en sus colonias y a las interacciones entre éstos y los gatos con dueño. Así, está demostrado que los gatos asilvestrados fueron la fuente del brote de leucemia felina que estuvo a punto de acabar con la población de linces de Doñana en 2007 y son el reservorio de Toxoplasma gondii, un parásito que puede generar toxoplasmosis por lo que supone una amenaza para la salud pública.

Sugieren que, para garantizar el bienestar animal, la ley debería enfocarse exclusivamente en la protección de los animales de compañía, evitando entrar en conflicto con las normas y estrategias internacionales para la conservación de la naturaleza. Aunque reconocen que el manejo de la vida silvestre a veces puede desencadenar desafíos éticos, priorizar el bienestar y el destino de los individuos de unas pocas especies sobre la conservación de la biodiversidad global promovería unas comunidades biológicas empobrecidas y homogéneas, dominadas por un puñado de animales privilegiados.

Información: El Confidencial. // Vía: Plano Informativo.